miércoles, 11 de noviembre de 2009

Egoísmo

Entre las nubes te siento
todas las tardes de mayo,
eres luz fugaz de rayo,
eres ya sólo un momento
Con tu paso me lamento
me desatas mil dolores
y aunque estés entre colores
te prefiero terrenal
que en lo eterno y abismal,
yo no te quiero entre flores.


Guarida

viernes, 6 de noviembre de 2009

Día de muertos



La espera ha terminado…
Hoy regresan los muertos
Y los vivos… velan su retorno,
recostados en la tumbas donde descansa
el polvo que todos seremos.

Ahí, en un panteón ajeno
entre una multitud desconocida
donde no estaba el polvo de mi sangre,
Lloré en una iglesia de flores,
Por los que no tienen retorno,
Por mí…
por creer
Que la eternidad es infinita
y que en ese abismo todos nos perderemos,
sin la posibilidad de volver a encontrarnos.
No hay retorno…
Somos polvo.

miércoles, 17 de junio de 2009

Reyes

La duda sobre la existencia de los Reyes Magos comenzó en 1990, mi mejor amiga Diana, me dijo que cuando tenía cuatro años había visto a su madre colocar los regalos en el árbol de navidad. No le creí.

Luego me dijo que otro año había visto los juguetes guardados debajo de la cama. Tampoco le creí. Pero los testimonios fueron creciendo. Había otros dos testigos que al igual que Diana argumentaban la no existencia de los Reyes Magos. Todo parecía tan lógico o ilógico.

No era posible que Melchor, Gaspar y Baltasar fueran personajes inventados por los adultos. Lo mejor entonces era exigirle la verdad a mi papá. Ese domingo le pregunte si él era “los reyes magos”, ni siquiera lo dudó y dijo: Sí, los reyes magos somos los papás.

Pero a diferencia de mi amiga, no le dije nada a mis compañeros. Cuando cambiamos de curso, nuevamente surgió la duda sobre la existencia de los reyes. El salón entró en debate, todos los niños opinaban y nuevamente Diana afirmaba que los reyes eran los papás.

La discusión llegó hasta oídos de la maestra, se levantó de su escritorio y dijo que ya era hora de que supiéramos la verdad. Y antes de que la profesora abriera la boca y empezará a decir la “verdad”, hice lo impensable para una niña tan tímida como lo era yo: me levanté de mi lugar y le dije que se callara. Me preguntó cuál era la razón para que exigiera su silencio. Y dije, y a veces me río de ello: No tienes derecho a quitarles a los niños su ilusión (y la paradoja era que en mi súplica afirmaba la verdad)

Pero a la maestra no le importaron mis palabras. De todos modos lo dijo todo. Años después me reía de la situación… ¿Ilusión? Esta palabra me causaba tanta risa, ilusión, verdad, verdad, ilusión. Pero ahora quiero una ilusión así, pensar que alguien mágico anda por ahí velando por ti.

Luego el rey mago de Diana, su papá, se murió. Me lo dijo llorando cuando teníamos nueve años. Abracé a mi amiga con la que siempre competí por el título de la niña más delgada (la idea era no ganarlo). Obviamente el título era mío, pero nunca lo acepté.

lunes, 11 de mayo de 2009

Infancia

Así las torturas y los malos recuerdos se esconderán en alguna parte del cuerpo, sólo llorando. Así me pasó Rodríguez el dolor de no ver a su hermano durante quince años, y así, a través de un puente de lágrimas, caminó hacia mí el dolor de la ausencia y los recuerdos de la infancia en una ciudad sin esperanza.

lunes, 27 de abril de 2009

allá en los años cuarenta

Los pequeños sumergen su cabeza en una pileta de agua, se turnan para prestarse la mascarilla anti-gas que fue utilizada por un vecino durante la segunda guerra mundial, como parte del escuadrón 201. Pero para los pequeños eso carece de importancia, la máscara es solamente un juguete divertido. La idea es ver cómo este artefacto les permite "respirar" bajo el agua.

El niño de ojos grandes utiliza la bolsa donde se guarda esta mascarilla para cargar sus útiles escolares, cuadernos y tinta. La bolsa verde militar además es una herramienta de combate, con ella juega con sus compañeros de clases, recrea batallas épicas.

Luego llega a casa y sumerge su cabeza en el agua. La segunda guerra mundial es lo de menos.

martes, 21 de abril de 2009

un konkian por la tarde

las cartas son tiradas en tercias, se adivina un primer ganador, luego un segundo, pero la victoria no sabe a victoria. En la mesa improvisada a unos centimetros del suelo, cinco jóvenes tiran sus cartas. Más allá de la mesa, se asoma un ataúd blanco. Esa tarde de mayo, todos perdieron...

miércoles, 15 de abril de 2009

Operaciones mágicas

A través de la ventana, el niño mira una gran carpa azul. El metro va a toda velocidad y la imagen del circo se le presenta como un parpadeo, una fotografía, un instante. El pequeño le dice a su madre -Quiero ir al circo-, -Por supuesto, pero después de la operación- le contesta. El niño voltea hacia atrás para ver cómo se va desdibujando ese mundo de fantasía enmarcado por una carpa azul, y le dice nuevamente a su madre -¿Me van a inyectar?- -No sé hijo-, -¿Cómo no preguntaste si me van a inyectar, si eso es lo más importante-, dice el pequeño con voz tierna. El niño carga un folder con recetas médicas, documentos necesarios para la cirugía -Agárralos bien, porque si los pierdes, no te operan y no hay circo-. El niño acomoda los papeles y voltea nuevamente hacia atrás, para ver la imagen más lejana de la carpa azul, como un punto. Le dice a su madre -Ojalá la operación fuera mágica. Ojalá fuera mágica...

jueves, 2 de abril de 2009

Aniversario luctuoso de Cobain

Cobain adoptó ese nombre por su intento de suicidio. El perro se aventó a unas varillas y fue atrevasado por una. Afortunadamente o desafortunadamente sobrevivió, pero su intento de muerte le valió el sobrenombre de "Cobain", por aquel cantante del grupo Nirvana que se diera un tiro en la cabeza allá en el año 1994. Aún no se sabe por qué aquel perro peludo quería matarse.

La vida del perro continuó como cualquier otra en los valles de ciudad Neza, jugando con los niños en los remolinos de tierra, siendo alimentado por los vecinos de la calle, e incluso adoptado por una familia de mujeres, denominadas "Las pingüicas", cuyo oficio era vender dulces.

En fin, Cobaín se convirtió en el "perro" de la calle "Benito Juárez", y los años pasaron y con los años, vinieron los achaques de perro viejo, de enfermedades de perro jamás atendidas por un veterinario, y Cobain se la pasaba tirado afuera de la casa de las Pingüicas, viendo desde ahí los remolinos de tierra, los juegos de fútbol. Apenas se podía mover, apenas y podía respirar.

En una tarde soleada, una campana anunció la llegada del carro de basura y las Pingüicas sacaron botes llenos de desperdicios. Luego el chófer preguntó si eso era todo lo que querían tirar.
La mujer volteó hacía su casa y vio en la puerta a "Cobain", entonces dijo: "También llévense al perro", y Cobain fue arrastrado como basura y tirado en las montañas de desperdicio, vivo, sin poder defenderse. Desde la cima de aquella montaña, vio por última vez los remolinos de ciudad Neza.

martes, 31 de marzo de 2009

Desesperanza

Un joven camina entre la multitud, se detiene en el andén de metro Pino Suárez, mira de reojo el túnel y presiente que el tren va a tardar. Lleva consigo un montón de pesares. Desesperado, se sienta en el piso del andén al lado de una mujer que se presume loca, porque carga en una cubeta de plástico bolsas sin nada. Recostada en la pared del andén, la mujer irrumpe en los pensamientos de los demás, en el pensamiento del joven: canta de repente en voz alta "Cuanta desesperanza, qué vacío tan profundo, repicar de campanas". -Gracias por decirlo- le contesta el joven.

martes, 3 de marzo de 2009

Mi traje naranja

Un traje naranja sobresale en el atiborrado metro. Al lograr entrar al vagón, la mujer se acomoda la ropa recién planchada, suspira y mira el largo mapa de líneas, que le anuncian un camino de apretones, de arrugas seguras para su ropa de tela delgada.

La gente baja del vagón y la mujer aprovecha para arreglar su traje naranja, su carta de presentación ante los clientes en la tienda de ropa donde trabaja, y es que apenas hace dos meses se vio en la necesidad "forzada" de tener que comprar dicha vestimenta. A sus jefes se les ocurrió la idea de cambiar de uniforme a sus empleadas "Año nuevo, uniforme nuevo"

Seis mil pesos costaron tres trajes colores naranja, gris y negro, todos de tela delgada, combinados con pantalón, blusa, chaleco y saco, porque lo más importante en la tienda es mostrar elegancia ante los clientes. Con tal de que los trajes se vieran de mayor calidad, los jefes compraron los uniformes en otra tienda (no en la que dirigen ellos) y se los revendieron a sus empleadas.

"Uniformes nuevos o no hay empleo, o pagan seis mil pesos o no hay empleo"

Pero no hay de que preocuparse, porque los jefes le dieron la opción de pagar la ropa mensualmente, descontando módicas cantidades de su salario durante un año, así ninguna de las empleadas (porque eso de los uniformes es sólo para el sexo femenino), tuvo que pagar de contado los seis mil pesos en Navidad.


La mujer vuelve a mirar el mapa de estaciones del metro, luego intenta borrar una arruga de su traje naranja con una sonrisa...

viernes, 30 de enero de 2009

Olvido

Tantos sueños me decían que algo había olvidado en esa casa. A menudo visitaba la vieja construcción clausurada, me asomaba por una rendija y buscaba “eso” que había olvidado. Un día descubrí la forma de entrar y entré. Al abrirse la vieja puerta de madera vi subir a alguien la escalera, un intruso. Lo seguí.

Llegué al segundo piso, todo era igual: los colores, la luz, las puertas caídas, el olor a humedad. Me detuve a observar esos viejos pasillos por donde solía jugar, pero la figura me distrajo cuando se metió sin permiso al departamento del abuelo. La volví a seguir.

Contemplé la vieja sala sin muebles, entonces viajé doce años atrás para recordar los sillones, la televisión, el piso verde. El intruso seguía vagando por la casa, como si fuera suya. Lo perseguí. Recorrimos cuartos y en esa absurda persecución, descubrí el piso de duela roto, los vidrios rotos, la oscuridad siempre albergada por el lugar, la ruina de siempre.

Al fin la atrapé, me miró como quien se reconoce en un espejo y comprendí que era mi sombra. La guardé en mi bolsa, donde suelo guardar corazones, recuerdos y olores. Por fin recuperé lo que había olvidado.

jueves, 15 de enero de 2009

Cansancio

Desde la entrada del jardín se ve a una mujer que puede tener 16 ó 18 años. La chica carga un libro que aún no ha abierto, la portada es negra y el título no se distingue. De pronto, alza la mirada y libera un pensamiento, el cual podemos sentir a pesar de la distancia. Su pensamiento es claro: cansancio, pero no sabemos de qué. Un hombre que nunca había visto a la mujer camina rumbo al jardín, de inmediato reconoce la portada negra, se detiene.. El sujeto toma el libro, lo hojea como si buscara algo, entonces leemos en sus labios: "Cansado sí, Cansado de usar un sólo brazo, dos labios, veinte dedos, no sé cuantas palabras, no sé cuantos recuerdos..."

martes, 13 de enero de 2009

Silvio

Fui con la clara idea de robarme a Silvio, lo buscaría por las calles de Miramar, en la heladería “Copelia” o en las calles de la Habana Vieja. Pero sólo escuché a Silvio en dos ocasiones, la primera fue en un carro viejo durante un paseo nocturno por La Habana, Ramón cantaba para mi “Sueño con serpientes, con serpientes de mar sueño yo”, pero la serenata fue interrumpida por una patrulla que detuvo a Ramón por pasear con una extranjera. Una vez "aclarado el asunto", Ramón continuó cantando, pero otra patrulla nos detuvo. La segunda vez que escuché a Silvio fue entre los colores del callejón de Hamel, los tambores sonaron y por fin, ahí estaba Silvio cantando “Vivo en un país libre, cual solamente puede ser libre en esta tierra en este espacio…” Qué hermosa mentira…

Sol

Iba sentada al lado del chofer con el corazón guardado en una bolsa, bien amarrado para que no se escapara. Lo amarré porque estuvo a punto de bajarse del autobús, comprar un boleto y regresar por donde vino, pero me distrajo el Sol y entonces me olvidé de él, y en vez de escapar, se quedó junto a mí, distraído también por esa luz.