La duda sobre la existencia de los Reyes Magos comenzó en 1990, mi mejor amiga Diana, me dijo que cuando tenía cuatro años había visto a su madre colocar los regalos en el árbol de navidad. No le creí.
Luego me dijo que otro año había visto los juguetes guardados debajo de la cama. Tampoco le creí. Pero los testimonios fueron creciendo. Había otros dos testigos que al igual que Diana argumentaban la no existencia de los Reyes Magos. Todo parecía tan lógico o ilógico.
No era posible que Melchor, Gaspar y Baltasar fueran personajes inventados por los adultos. Lo mejor entonces era exigirle la verdad a mi papá. Ese domingo le pregunte si él era “los reyes magos”, ni siquiera lo dudó y dijo: Sí, los reyes magos somos los papás.
Pero a diferencia de mi amiga, no le dije nada a mis compañeros. Cuando cambiamos de curso, nuevamente surgió la duda sobre la existencia de los reyes. El salón entró en debate, todos los niños opinaban y nuevamente Diana afirmaba que los reyes eran los papás.
La discusión llegó hasta oídos de la maestra, se levantó de su escritorio y dijo que ya era hora de que supiéramos la verdad. Y antes de que la profesora abriera la boca y empezará a decir la “verdad”, hice lo impensable para una niña tan tímida como lo era yo: me levanté de mi lugar y le dije que se callara. Me preguntó cuál era la razón para que exigiera su silencio. Y dije, y a veces me río de ello: No tienes derecho a quitarles a los niños su ilusión (y la paradoja era que en mi súplica afirmaba la verdad)
Pero a la maestra no le importaron mis palabras. De todos modos lo dijo todo. Años después me reía de la situación… ¿Ilusión? Esta palabra me causaba tanta risa, ilusión, verdad, verdad, ilusión. Pero ahora quiero una ilusión así, pensar que alguien mágico anda por ahí velando por ti.
Luego el rey mago de Diana, su papá, se murió. Me lo dijo llorando cuando teníamos nueve años. Abracé a mi amiga con la que siempre competí por el título de la niña más delgada (la idea era no ganarlo). Obviamente el título era mío, pero nunca lo acepté.