viernes, 30 de enero de 2009

Olvido

Tantos sueños me decían que algo había olvidado en esa casa. A menudo visitaba la vieja construcción clausurada, me asomaba por una rendija y buscaba “eso” que había olvidado. Un día descubrí la forma de entrar y entré. Al abrirse la vieja puerta de madera vi subir a alguien la escalera, un intruso. Lo seguí.

Llegué al segundo piso, todo era igual: los colores, la luz, las puertas caídas, el olor a humedad. Me detuve a observar esos viejos pasillos por donde solía jugar, pero la figura me distrajo cuando se metió sin permiso al departamento del abuelo. La volví a seguir.

Contemplé la vieja sala sin muebles, entonces viajé doce años atrás para recordar los sillones, la televisión, el piso verde. El intruso seguía vagando por la casa, como si fuera suya. Lo perseguí. Recorrimos cuartos y en esa absurda persecución, descubrí el piso de duela roto, los vidrios rotos, la oscuridad siempre albergada por el lugar, la ruina de siempre.

Al fin la atrapé, me miró como quien se reconoce en un espejo y comprendí que era mi sombra. La guardé en mi bolsa, donde suelo guardar corazones, recuerdos y olores. Por fin recuperé lo que había olvidado.