Iba sentada al lado del chofer con el corazón guardado en una bolsa, bien amarrado para que no se escapara. Lo amarré porque estuvo a punto de bajarse del autobús, comprar un boleto y regresar por donde vino, pero me distrajo el Sol y entonces me olvidé de él, y en vez de escapar, se quedó junto a mí, distraído también por esa luz.