viernes, 30 de enero de 2009

Olvido

Tantos sueños me decían que algo había olvidado en esa casa. A menudo visitaba la vieja construcción clausurada, me asomaba por una rendija y buscaba “eso” que había olvidado. Un día descubrí la forma de entrar y entré. Al abrirse la vieja puerta de madera vi subir a alguien la escalera, un intruso. Lo seguí.

Llegué al segundo piso, todo era igual: los colores, la luz, las puertas caídas, el olor a humedad. Me detuve a observar esos viejos pasillos por donde solía jugar, pero la figura me distrajo cuando se metió sin permiso al departamento del abuelo. La volví a seguir.

Contemplé la vieja sala sin muebles, entonces viajé doce años atrás para recordar los sillones, la televisión, el piso verde. El intruso seguía vagando por la casa, como si fuera suya. Lo perseguí. Recorrimos cuartos y en esa absurda persecución, descubrí el piso de duela roto, los vidrios rotos, la oscuridad siempre albergada por el lugar, la ruina de siempre.

Al fin la atrapé, me miró como quien se reconoce en un espejo y comprendí que era mi sombra. La guardé en mi bolsa, donde suelo guardar corazones, recuerdos y olores. Por fin recuperé lo que había olvidado.

jueves, 15 de enero de 2009

Cansancio

Desde la entrada del jardín se ve a una mujer que puede tener 16 ó 18 años. La chica carga un libro que aún no ha abierto, la portada es negra y el título no se distingue. De pronto, alza la mirada y libera un pensamiento, el cual podemos sentir a pesar de la distancia. Su pensamiento es claro: cansancio, pero no sabemos de qué. Un hombre que nunca había visto a la mujer camina rumbo al jardín, de inmediato reconoce la portada negra, se detiene.. El sujeto toma el libro, lo hojea como si buscara algo, entonces leemos en sus labios: "Cansado sí, Cansado de usar un sólo brazo, dos labios, veinte dedos, no sé cuantas palabras, no sé cuantos recuerdos..."

martes, 13 de enero de 2009

Silvio

Fui con la clara idea de robarme a Silvio, lo buscaría por las calles de Miramar, en la heladería “Copelia” o en las calles de la Habana Vieja. Pero sólo escuché a Silvio en dos ocasiones, la primera fue en un carro viejo durante un paseo nocturno por La Habana, Ramón cantaba para mi “Sueño con serpientes, con serpientes de mar sueño yo”, pero la serenata fue interrumpida por una patrulla que detuvo a Ramón por pasear con una extranjera. Una vez "aclarado el asunto", Ramón continuó cantando, pero otra patrulla nos detuvo. La segunda vez que escuché a Silvio fue entre los colores del callejón de Hamel, los tambores sonaron y por fin, ahí estaba Silvio cantando “Vivo en un país libre, cual solamente puede ser libre en esta tierra en este espacio…” Qué hermosa mentira…

Sol

Iba sentada al lado del chofer con el corazón guardado en una bolsa, bien amarrado para que no se escapara. Lo amarré porque estuvo a punto de bajarse del autobús, comprar un boleto y regresar por donde vino, pero me distrajo el Sol y entonces me olvidé de él, y en vez de escapar, se quedó junto a mí, distraído también por esa luz.