Tú me debes algo:
un abrazo,
una palabra,
una mirada profunda,
un palpitar pecho a pecho,
un velorio,
un llanto ,
un rosario.
Me debes el cuerpo
del ataúd vacío
al que lloré por días
al enterrar tu recuerdo.
Un suspiro que se eleva,
y no baja,
sin descanso.
Me debes la gravedad
inservible,
esa ley que se trabó
aquí la física falló.