miércoles, 24 de enero de 2024

Impresiones

Cuando alguien se va, uno lo memoriza, para fijarlo, imprimirlo en la mente. Se le piensa tanto que se crea una imagen de consulta. A través de esa imagen, se visita la ausencia. Se consulta la imagen creada, es una representación impresa en la memoria. Yo evitaba imprimir tu recuerdo, para que pudiera consultar tu imagen REAL y no la impresión de la misma. Cuando pensaba en ti, trataba de borrar mi mente, para evitar recordarte a través del recuerdo. Ahora ya no sé si recuerdo la imagen real, el recuerdo del recuerdo o el relato del recuerdo.

 Después de 20 años, son pocas las imágenes “reales” que tengo de ti: esperándome en la zapatería la luna para caminar juntos a la escuela; en el bosque en un picnic; en mi casa cuando no dijiste que era tu cumpleaños; en tu salón cuando te iba a buscar para ir a desayunar al mercado; en un carro inundado que tuvimos que empujar; en una fiesta familiar donde a todos les decíamos que eras nuestro hermano; jugando luchitas con mi papá y mi hermano, leyendo juntos en el carro; en tu ataúd con un peinado que no usabas. Y aunque intento borrar ese último recuerdo, no he podido. Recuerdo las campañas en tu velorio, amanecía y a lo lejos, las campanas.

 

martes, 23 de enero de 2024

Cerecita roja

 

Ser

Serecita

Cerecita

Roja

Cerecita siempre

Cerecita roja

Demoler

 

Demoler

Tirar,

Derrumbar

Destruir

Derribar

 

Demoler

Caer

Temblar

 

Demoler

Fracturar

 

Demolerlo todo

Llorarlo todo

Tirarlo todo

 

Demoler


Señales

 ¿Será acaso una señal

que tu nombre con el mío

se pronuncien casi igual

cual si estuvieran unidos?

 

¿Será acaso una señal

tantos años sin olvido?

tu recuerdo me hace mal

sueño con estar contigo. 

 

¿Será acaso una señal

encontrarnos en la nada

bailar en la madrugada 

y sentir tu palpitar?

Adeudos

 Tú me debes algo:

un abrazo,

una palabra,

una mirada profunda,

un palpitar pecho a pecho,

un velorio,

un llanto ,

un rosario.

 

Me debes el cuerpo

del ataúd vacío

al que lloré por días

al enterrar tu recuerdo.

 

Un suspiro que se eleva,

y no baja,

sin descanso.

Me debes la gravedad

inservible,

esa ley que se trabó

aquí la física falló.

Mar

Dónde estás hermano mío

pregunté en la oscuridad

y escuché con claridad:

agua soy del mar bravío.

Dispuesta al caserío

de tu cuerpo en altamar

tantas olas, tanto mar

y no encuentro la respuesta

pa llenar este vacío

lunes, 22 de enero de 2024

Reyna

Érase una vez un reinado agrio, donde la Reyna fue asesinada por su Rey Euscario.

Han pasado 40 años y con los años el olvido y la historia enterrada 

Cuando tenía 13 años fue robada por un hombre mayor, se la llevó a fuerza, sin su consentimiento, allá en su natal San Pedro de Los Sauces, en Morelia Michoacán. Ese robo le valió un matrimonio forzado con Antonio, con un hombre al que no quería, ese robo le valió muchas noches de llanto, de encierro, de hastío. Ese robo le valió una vida que no deseó, que no imaginó, pero que tuvo que aceptar porque así era la tradición de aquel pueblo. Años atrás, también se robaron a su hermana Lucina, en un acto organizado por tres hombres. Y ante los robos de sus dos hijas, su madre Verónica, no pudo hacer nada, más que literal, quedar paralítica al tratar de defender a Lucina. 

Aunque Reyna tuvo que aceptar su nueva vida con un hombre que parecía ser bueno y se rumoraba, gay, su corazón seguía latiendo cuando veía a Euscario, un joven que le gustaba, pero quien, al verla casada hizo su propia familia, tuvo hijos. La vida dio muchas vueltas y en un pueblo tan pequeño, se convirtieron en compadres. Tal vez pasó una década, la vida siguió. Muchos misterios son los que rondan su encuentro, algunos dicen que Antonio le vendió a Euscario a su Reyna, pero en algún momento, encontraron los tiempos y los espacios para verse y acercarse y a puerta cerrada “enmendar” cuerpo a cuerpo y palabra con palabra, su separación por un robo.    

Reyna desafió la norma, la moral, las costumbres. Se veía a escondidas con Euscario, tal vez en las parcelas, lejos de las miradas, pero su escondite fue descubierto.  Su espacio y tiempo, privado y prohibido, fue profanado por la mirada de varios, la verdad salió a la luz y entonces el castigo: ambos fueron apedreados, como si fueran tiempos bíblicos, perseguidos con piedras por las calles de aquel pequeño rancho. Los jóvenes amantes o amigos o novios o confidentes o compadres, decidieron dejar todo e irse a la Ciudad de México. Reyna, seguramente ilusionada o apenada o expulsada de su reino, pero al fin de cuentas liberada de ese matrimonio que fue contra su voluntad, decidió estar por gusto o por amor o por rebeldía con el hombre que quería.   

Cuando Reyna decidió dejar su pueblo, esa decisión le costó el rompimiento con su familia, con sus hermanos, con sus vecinos, esa decisión le costó el nombramiento de mujer traicionera y libertina. No pasó lo mismo con su hermano, que había dejado a varias mujeres con hijos a su suerte, sin hacerse responsable de los frutos de sus amoríos. A él nadie lo apedreó, a él nadie le dio la espalda, a él nadie le dejó de hablar.  Él seguía siendo el alma de la fiesta, pudo con toda libertad rehacer su vida, casarse y tener 4 hijos más.  

En la ciudad, lejos de las parcelas, Reyna se fue vivir con su amado Euscario allá por el Ajusco, donde él era vigilante, pero allá, lejos de su familia, de su pueblo, de sus hermanas, a puerta cerrada, en ese espacio y tiempo que sería la libertad y el amor, Euscario, aquel hombre que era su más grande amor, su rey, o más grande escape, le pegó hasta el cansancio. Ese espacio y tiempo que esperaba fuera de amor, un idilio como le dice Willy Colón, se convirtió en un espacio de golpes, de moretones, a puerta cerrada y sin su familia, Euscario se quitó la máscara, la corona y se puso la de luchador-golpeador. 

Pero Reyna no tenía a quién contárselo, porque ya no tenía familia, porque a las mujeres de su familia les prohibían hablarle. A veces, a escondidas, visitaba a una hermana en Ciudad Neza, quien vivía en condiciones de pobreza extrema, con diez hijos 

Reyna no tuvo hijas ni hijos, ni con Antonio ni con Euscario. Reyna estaba sola y Euscario estaba loco. La amenazaba, la golpeaba, la humillaba. La cara de Reyna siempre morada y el corazón roto. Su vida detrás de la puerta, era de golpe tras golpe. Así pasaron los años y ella no tenía fuerza o ganas o apoyo para dejarlo. Fueron muchos los testigos que vieron el cuadro, pero las mujeres por miedo y los hombres por la deshonra, no hicieron nada. Alguna vez, sus sobrinos, intercedieron por ella. Euscario la iba a matar con un cuchillo y sus dos sobrinos lo detuvieron.  

Pero luego, ella estaba a solas con él, pero luego, Euscario tendría el espacio para pegarle más, el idilio agrio y desabrido, el idilio de soledad. Un día ella estaba bien, al otro día murió. La Reyna se fue, su corona cayó, desde el día que la secuestraron a los 13 años. 

Sus vecinas dicen que estaba bien, se veía bien, pero su cuerpo estaba lleno de moretones, de golpes viejos y nuevos, acumulados unos sobre otros, golpes amontonados en ese cuerpo de 55 años. Unos días antes, Euscario la golpeó a puño cerrado, en una escena que suponemos agria, porque ella no le pudo contar a nadie, porque estaba sola en ese espacio y tiempo. Pero no hubo autopsia, no hubo investigación, no hubo familiares para preguntar qué había pasado, y Euscario escapó. Suposiciones, meras suposiciones, pero Euscario se escondió, desapareció. No fue al velorio de su reina. 

Seguramente su hermana  lloró. Seguramente algunos de sus sobrinos lloraron, los mismos que alguna vez se enfrentaron a Euscario para quitarle el cuchillo. Y Reyna fue enterrada y con ella su historia y hoy 40 años después, nos preguntamos qué le pasó a Reyna.  

Basado en hechos reales.