Aquí todo tiene luz baja, silenciosa, casi muda…
Luz naranja que ilumina los rostros de naranja, las manos de naranja, los árboles de naranja, tu cara de naranja. Tan naranja, agonizante… que entonces los sonidos se apoderan del lugar. Es cuando se descubre el viento y su ronroneo; el cantar de los grillos; una música lejana también extinta, arrastrada por el viento, como un mosquito que se acerca y aleja. Así suena el cantante de aquella melodía, quien se acerca a tu oído a suspirarte esa vieja canción “No volveré te lo juro por Dios que me mira…., luego se va y desde esa lejanía murmura “Te lo digo llorando de rabia, no volveré… Son las dos de la mañana, ya todo es silencio... sólo escuchas esa canción que te gusta desde la infancia.
Luz naranja que ilumina los rostros de naranja, las manos de naranja, los árboles de naranja, tu cara de naranja. Tan naranja, agonizante… que entonces los sonidos se apoderan del lugar. Es cuando se descubre el viento y su ronroneo; el cantar de los grillos; una música lejana también extinta, arrastrada por el viento, como un mosquito que se acerca y aleja. Así suena el cantante de aquella melodía, quien se acerca a tu oído a suspirarte esa vieja canción “No volveré te lo juro por Dios que me mira…., luego se va y desde esa lejanía murmura “Te lo digo llorando de rabia, no volveré… Son las dos de la mañana, ya todo es silencio... sólo escuchas esa canción que te gusta desde la infancia.